Las intensas lluvias del pasado 29 de septiembre, que anegaron calles y garajes en Gandia, pusieron a prueba la capacidad del sistema de drenaje de la ciudad. Ahora, dos informes —uno elaborado por el técnico municipal y otro por la empresa mixta Actuacions Ambientals Integrals (AAI)— confirman que el tanque de tormentas del Clot de la Mota evitó que las inundaciones fueran mucho más graves.
Las conclusiones son claras: sin esta instalación subterránea, el nivel del agua en varios puntos de la playa habría llegado a duplicarse. Los técnicos calculan que el depósito, con capacidad para 11.000 metros cúbicos, llegó a almacenar y bombear unos 40.000 metros cúbicos de agua durante la jornada.

El episodio del 29 de septiembre fue, según los expertos, una lluvia excepcional, con acumulados que llegaron a cerca de los 200 litros por metro cuadrado y picos de intensidad de hasta 240 l/m², algo que estadísticamente ocurre solo una vez cada 50 o 100 años. La mayor parte del agua cayó en apenas una hora, entre las 7.45 y las 8.45 de la mañana, momento en que el tanque se llenó por completo y tuvo que vaciarse y volver a llenarse en varias ocasiones.
Aun así, en la zona central de la playa el agua alcanzó unos 25 centímetros de altura, suficiente para cortar el tráfico y colarse en algunos bajos. Sin el depósito, ese nivel habría podido llegar a los 50 centímetros, una diferencia que puede marcar la frontera entre un coche averiado y un vehículo arrastrado por la corriente.
Más lluvias en octubre
El informe se centra en la tormenta del 29 de septiembre, pero Gandia ha vuelto a sufrir otros dos temporales en pocas semanas. El más reciente, el 13 de octubre, descargó 135 litros por metro cuadrado en poco más de dos horas y media, paralizando el tráfico en varios puntos de la ciudad. Pese a la intensidad, los sistemas de evacuación respondieron también correctamente y la normalidad regresó en pocas horas.
Las inundaciones durante este tipo de eventos meteorológicos no se pueden controlar, aunque sí trabajar para reducirlas con las infraestructuras hidráulicas. Durante estos episodios en Gandia, como explican los responsables y técnicos del ayuntamiento, la intensa precipitación de agua en poco tiempo hizo que los depósitos se llenaran rápidamente.
El agua que se evacua principalmente es la que cae de los edificios, pues llega al colector con mayor fuerza. Una vez el colector se llena, las alcantarillas no pueden tragar el agua, pues el conducto ya ha llegado a su capacidad máxima, momento en el que el agua se queda en la superficie de las calles. A pesar de ello, un indicativo de que las infraestructuras sí funcionan -además de reducir el nivel de agua en superficie- es que a las pocas horas de llover, las calles de Gandia ya no estaban inundadas, pues las bombas siguieron trabajando y evacuando.
Los técnicos advierten de que episodios de esta magnitud serán cada vez más frecuentes debido al cambio climático, y recomiendan al consistorio mantener la estrategia de inversión en obras hidráulicas para seguir reforzando la seguridad de la ciudad.

