La DANA marcó un antes y después. Eso llevamos escuchando desde hace 1 año hasta la sociedad por algunos medios de comunicación estatales y autonómicos con sesgo ideológico y dependencia política. Pero la realidad es que fue una catástrofe natural impredecible y cuya prevención dependía de la construcción de infraestructuras costosísimas que se debieron hacer en los años anteriores donde gobernaron diferentes partidos políticos.
Sin duda la reacción rápida y competente ante una castástrofe es vital y necesaria, pero una oposición que no tenga más iniciativa que esperar cataclismos para ganar las elecciones es de ser miserable y poco inteligentes.
Porque analizar y valorar la actuación política ante estas catástrofes no es una tarea sencilla. Y solo hace falta recordar el caso Prestige del que la izquierda esperaba ingenuamente sacar rédito electoral con burlas obscenas como «solo nos falta que se hunda otro barco mas». En aquel episodio no hubo víctimas humanas, solo una contaminación marítima que afectó durante meses la vida animal del entorno e impregnó de “chapapote” las costas cercanas .
Pero la ciudadanía distingue entre desastres naturales y negligencias continuadas como el fatídico accidente ferroviario que se hubiera evitado con un buen mantenimiento la muerte de 47 víctimas.
Los que llamaban a Mazon asesino quedan en evidencia cuando en este caso el asesinato es con premeditación y alevosía, porque como dice Feijóo, Pedro Sánchez estaba jugando a la ruleta rusa y aunque la derecha no sabe mobilizar a la sociedad para que salga con pancartas estridentes hasta conseguir la dimisión de algún político, la realidad es que la ciudadanía tiene claro los políticos hipócritas y los que defienden sin miedo ni complejos sus principios.
También está justificada la postura de VOX, que tras el accidente ferroviario en Adamuz, ha lanzado una intensa crítica política contra el Gobierno porque considera que la tragedia no es un fallo aislado, sino el resultado de una cadena de negligencias graves derivadas de la falta de mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias, responsabilidad que atribuye directamente al ministro de Transportes, Óscar Puente, y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Santiago Abascal ha acusado con razón al Ejecutivo de «corrupción, mentira y traición», tildando al Gobierno de «mafioso» y culpándolo de convertir el tren en una actividad de riesgo.
Actualmente el CIS de Tezanos (con claro sesgo a favor del bloque progresista) ha sentenciado que el bloque conservador obtendrá mejor resultado en la Comunitat Valenciana que el obtenido en Extremadura y Aragón. La excepción valenciana aludida por la izquierda no existe, más bien al contrario.
Porque en estos momentos el presidente de España es un lastre para todas las comunidades y está engullendo todas las opciones progresistas. Los datos ponen de manifiesto el desgaste acumulado tras estos años de gobierno nacional. En la Comunidad Valenciana, solo un 25,3% afirma que confía en Pedro Sánchez porque como señala Feijóo, Sánchez no es un damnificado de la corrupción, es un encubridor, un cómplice y un colaborador.
En conclusión, las elecciones no se deciden en función de las desgracias naturales que pudieran ocurrir en una legislatura, ya que ningún ciudadano puede presumir de poder evitarlas o resoverlas. Lo que verdaderamente declina la intención de voto en la ciudadanía es observar durante 4 años casos la corrupción e incompetencia que ha rodeado a Pedro Sánchez: la mujer en la universidad, el hermano en las oposiciones; Cerdán y Koldo en las mórdidas, Leire la fontanera corrupta, Aldama el de las comisiones, Óscar Puente, el incompetente ministro de transportes, Ana Redondo la chapucera ministra de igualdad en el caso de las pulseras para acosadores, Fernando Marlasca, el negligente ministro de interior. Pero el ganador ha sido el ex-ministro Ábalos que aúna todas las lacras de los anteriores junto con el plus deputero. Es demasiado para ser olvidado, ignorado o perdonado.
En los comicios, la ciudadanía está juzgando la gestión política y castigando la corrupción, la incompetencia y la hipocresía de un gobierno que defiende unos valores y practica los contrarios. Los ciudadanos ya hemos entendido a los que practican la delincuencia política y votamos en consecuencia.
Rubén Malonda
Profesor UAX


Dice Mazón que muchas gracias por su apoyo. Que lo del Ventorro fue culpa del gobierno social comunista.
Olé ahi Ruben Malonda. Bravo por tu comentario de la actualidad pólitica y los plíticos.