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/ 28 enero 2023
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‘La libertad de ser tú y yo’

Porque tener la libertad de ser una misma, sin obstáculos, es el mayor reto, y la mayor ilusión, de una mujer

‘La libertad de ser tú y yo’

Porque tener la libertad de ser una misma, sin obstáculos, es el mayor reto, y la mayor ilusión, de una mujer

Porque tener la libertad de ser una misma, sin obstáculos, es el mayor reto, y la mayor ilusión, de una mujer

Como bien dijo la jurista estadounidense Ruth Bader, lo mejor para dos personas es tener “la libertad de ser tú y yo”. Una frase que explica el feminismo de una manera sencilla y clara: nadie debe dejar de ser él mismo por otro.

Hoy menciono a Bader por destacar en un mundo que, en su época, era de hombres. Bader quiso ser ella, y lo consiguió. Fue jurista, jueza y -aunque esto no tendría por qué destacarse, pero en muchos lugares fue un problema- judía. Pero ella no se rindió. Esos techos de cristal no la limitaron. Y no solo destacó como buena profesional. Bader puso sobre la mesa esa lucha incansable sobre la igualdad legal de género.

Una igualdad que, a día de hoy, no se ve reflejada del todo. Las mujeres deben de continuar saliendo a las calles para gritar: “Estamos aquí”. Y hace mucho tiempo que estamos. Tan solo queremos poder cumplir nuestros sueños sin obstáculos, romper los techos de cristal y que miren nuestro trabajo cuando llegamos al éxito.

No somos caras bonitas. No somos maniquíes que lucen ropa. Ni tampoco todas somos madres. Simplemente somos. Somos mujeres que quieren tener los derechos que les pertenece, que un papel refleja, pero que muchas personas desean omitir. Y, para conseguir eso, realmente se necesita poco.

No se necesita más que ser tú. No se necesita más que ser yo. Todos podemos ser, disfrutar y cumplir sin dejarnos de lado. Porque las mujeres también podemos llegar donde queramos. Podemos hacer lo que queramos. Podemos ser. Ser lo que queramos.

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Como bien dijo la jurista estadounidense Ruth Bader, lo mejor para dos personas es tener “la libertad de ser tú y yo”. Una frase que explica el feminismo de una manera sencilla y clara: nadie debe dejar de ser él mismo por otro.

Hoy menciono a Bader por destacar en un mundo que, en su época, era de hombres. Bader quiso ser ella, y lo consiguió. Fue jurista, jueza y -aunque esto no tendría por qué destacarse, pero en muchos lugares fue un problema- judía. Pero ella no se rindió. Esos techos de cristal no la limitaron. Y no solo destacó como buena profesional. Bader puso sobre la mesa esa lucha incansable sobre la igualdad legal de género.

Una igualdad que, a día de hoy, no se ve reflejada del todo. Las mujeres deben de continuar saliendo a las calles para gritar: “Estamos aquí”. Y hace mucho tiempo que estamos. Tan solo queremos poder cumplir nuestros sueños sin obstáculos, romper los techos de cristal y que miren nuestro trabajo cuando llegamos al éxito.

No somos caras bonitas. No somos maniquíes que lucen ropa. Ni tampoco todas somos madres. Simplemente somos. Somos mujeres que quieren tener los derechos que les pertenece, que un papel refleja, pero que muchas personas desean omitir. Y, para conseguir eso, realmente se necesita poco.

No se necesita más que ser tú. No se necesita más que ser yo. Todos podemos ser, disfrutar y cumplir sin dejarnos de lado. Porque las mujeres también podemos llegar donde queramos. Podemos hacer lo que queramos. Podemos ser. Ser lo que queramos.

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