Josep Piera; más que un nombre destacado de la literatura valenciana. En Gandia, y especialmente en Beniopa -cuya biblioteca lleva su rúbrica-, hablar de él es hablar de una forma de mirar la vida, el paisaje y la memoria con una sensibilidad poco común. Nacido en 1947 en este poble, su trayectoria estuvo siempre ligada a la Safor, a sus raíces y a una manera de escribir en la que la tierra nunca fue un simple decorado, sino parte esencial de su universo.

Poeta, narrador, ensayista, traductor y hombre profundamente vinculado a la cultura valenciana, Piera construyó una obra sólida, personal y reconocible. Fue una de esas voces que no necesitan levantar el tono para dejar huella. Su escritura tenía calma, tenía belleza y tenía una manera muy especial de detenerse en lo pequeño para hacerlo grande. En sus libros hay viajes, lecturas, recuerdos, paisajes y emoción, pero también hay una presencia constante de aquello que le formó: Gandia, la Safor, el Mediterráneo y la vida vivida desde una identidad muy clara.
Su figura resulta especialmente valiosa para entender cómo un autor puede alcanzar prestigio sin desligarse nunca de su lugar de origen. Josep Piera llevó su mundo a la literatura sin artificios. Lo hizo desde la autenticidad, desde la observación y desde una relación muy íntima con el territorio. En su obra hay campo, montaña, luz, mar, casas, caminos y silencios que remiten a esta comarca de forma casi inevitable. Por eso, para muchos lectores, leer a Piera era también reconocer una parte de sí mismos, de su paisaje y de su memoria compartida.
A lo largo de su carrera recibió importantes reconocimientos y se convirtió en una referencia de las letras valencianas. Sin embargo, más allá del prestigio literario, hay algo que explica mejor su dimensión humana y su vínculo con esta ciudad: Gandia lo proclamó hijo predilecto. No fue un gesto menor ni una distinción protocolaria. Fue la manera de reconocer que su nombre forma parte del patrimonio cultural y sentimental del municipio. Porque Josep Piera no solo nació en Beniopa; también llevó a Gandia consigo en su manera de escribir, de pensar y de situarse en el mundo.

Quienes se acerquen ahora a su obra descubrirán a un autor que supo hablar de lo cercano con profundidad, delicadeza y verdad. Supo convertir el paisaje en literatura, la memoria en reflexión y la identidad en una expresión abierta, nada cerrada, siempre conectada con otros territorios y otras culturas. Esa combinación entre raíz y apertura fue una de las claves de su escritura. Estaba profundamente unido a esta tierra, pero nunca escribió desde el encierro, sino desde una mirada amplia, culta y curiosa.
En un momento en el que tantos autores pasan deprisa por la actualidad, Josep Piera deja algo mucho más duradero: una obra que sigue invitando a detenerse, a leer despacio y a redescubrir todo lo que puede contener una palabra bien escrita. E
Ahora que su nombre, por su pérdida, vuelve a ocupar titulares, quizá conviene ir un poco más allá. Descubrirle; redescubrirle
Poesia: paraula
feta música que emociona.
Poema: partitura
de paraules que el lector interpreta.

