A las puertas de una nueva semana fallera, Gandia se prepara para vivir los días más intensos del año. Las calles empiezan a oler a pólvora, los casales se llenan de actividad y las comisiones ultiman los detalles de unas fiestas que, como cada marzo, volverán a marcar el ritmo de la ciudad. Este año, al frente de la fiesta están Manuela Borrull, Fallera Mayor de Gandia 2026, y Triana Benavent, Fallera Mayor Infantil. Dos edades distintas, dos maneras de vivir la fiesta, pero una misma ilusión compartida.
Para ambas, el momento en el que recibieron la noticia de que serían las máximas representantes de las Fallas de Gandia sigue muy presente. Manuela recuerda aquellos días con una mezcla de incredulidad y emoción. “Yo no me lo creía. Pensaba que era una propuesta para pensar una posible candidatura”, cuenta. La sorpresa se intentó preparar primero con su madre, aunque finalmente acabó enterándose antes de tiempo. “A los dos días tenía a Francisco y a José en casa y cuando entraron estaba como en shock, no sabía muy bien para qué venían”, recuerda. Con el paso de las horas empezó a asimilarlo. “Cuando lo piensas de verdad, abruma mucho. Crees que sabes dónde te metes, pero hasta que no estás dentro no te haces a la idea”.

Para Triana, el recuerdo también está lleno de emoción. “Fue un momento muy ilusionante y que me impresionó muchísimo. Es algo que voy a recordar siempre”, asegura.
Las fallas forman parte del día a día de ambas desde hace años, aunque cada una las vive a su manera. Triana pertenece a la Falla Vilanova y, como muchos niños falleros, pasa buena parte del año en el casal. Allí participa en casi todas las actividades. “En el festival, en la cabalgata… en casi todo”, explica. También comparte la fiesta con muchas de sus amigas.
Este año, sin embargo, la experiencia es distinta. Ser Fallera Mayor Infantil de Gandia significa multiplicar las visitas y los actos. “Conoces a mucha gente nueva, pero también echas de menos a tu falla porque es diferente”, reconoce.

En el caso de Manuela, cumplir el sueño de representar a todas las fallas de la ciudad también ha supuesto vivir el año con una intensidad difícil de explicar. “Cuando sueñas tanto con algo y al final pasa, hay momentos en los que no te lo acabas de creer”, dice. Además, la agenda fallera apenas deja margen para parar. “Hay muchos actos y cuando termina uno ya estás pensando en el siguiente. A veces no te da tiempo a asimilar lo que acabas de vivir”.
Una de las cosas que ha hecho más fácil el camino es que ambas ya se conocían de antes. Manuela había coincidido con la madre de Triana años atrás en su comisión. “Fuimos reinas de la falla juntas en 2024, así que ya conocía a Triana”, explica. Ese vínculo previo ha ayudado a que la relación entre ambas haya sido muy natural desde el principio.
La ilusión, dicen, ha podido más que el peso de la responsabilidad. “Si te paras a pensar en todo lo que implica el cargo, quizá te lo pensarías más”, admite Manuela. “Pero la ilusión por representar a todas las fallas puede con todo”.

Un año así también implica renuncias. Desde que comenzó su reinado, en mayo, los fines de semana prácticamente han desaparecido del calendario personal. “No hemos tenido casi ninguno libre”, cuenta Manuela. Eso significa menos tiempo en su propia falla o menos planes con los amigos. “No haces la vida normal que hacías antes”.
En una fiesta que evoluciona con el paso de los años, ambas coinciden en que hay cosas que no deberían perderse. Manuela defiende especialmente la parte cultural de las fallas. “La fiesta es importante y al final también ayuda a conseguir recursos, pero cuando pasa el año lo que queda es el llibret”. Un resumen material -y cultural- del ejercicio fallero que la Fallera Mayor pone en valor, junto con actividades como el teatro o el festival infantil, donde los niños son los verdaderos protagonistas.
De todos los momentos vividos hasta ahora, hay algunos que ya saben que recordarán siempre. Para Triana, uno de los más especiales fue su presentación. “Es un día muy importante, en el que todo el mundo está pendiente de ti y te ayuda en todo”, cuenta. Manuela coincide y añade otro instante difícil de olvidar: la Crida. “Cuando sales al balcón… y ves la plaza llena. Ese momento se te queda grabado”, explica.

Ahora, con el 19 de marzo cada vez más cerca, ambas saben que el final del reinado también traerá emociones encontradas. “Es el principio del fin”, reconoce Manuela. “Con la cremà vuelves a tu vida de antes y todo esto se acaba, pero las fallas también van de eso: de quemar para volver a empezar”. Triana lo resume de forma sencilla: “Ha sido un año muy bonito, lo hemos disfrutado mucho y hemos conocido a mucha gente”
Antes de que llegue ese momento, solo queda un deseo compartido: que la ciudad viva unas grandes fiestas. “Que todo vaya bien y que la gente se lo pase bien”, dice Manuela. Y Triana añade otro deseo que comparten todos los falleros: “Que no pase nada malo y que estas fallas se recuerden por las cosas buenas”.

