La costa de la Safor amaneció con una estampa propia de los destinos más caros del Mediterráneo. Quienes pasearon aquel martes a primera hora por la playa de Gandia se toparon de frente con un coloso flotante fondeado a muy pocas millas del faro del Grao. Era el megayate Lady Moura, una de las embarcaciones más codiciadas y deslumbrantes del mundo, que recaló en aguas gandienses tras navegar dos días completos desde el puerto de Málaga.

Su imponente silueta no era nueva en la zona. Esta repentina aparición recordó de inmediato la visita que ya protagonizó la misma nave en el verano de 2022. Tal y como detalló SOM GANDIA en su edición de aquel mes de agosto, el barco echó el ancla frente a la playa del Ahuir, desatando la misma enorme curiosidad que volvió a generar con esta nueva travesía.
El magnate detrás de las letras de oro de 24 quilates
La majestuosa nave pertenecía al empresario mexicano Ricardo Salinas, considerado uno de los hombres más ricos de su país gracias a su inmenso patrimonio en televisión y negocios deportivos. Salinas se hizo con el yate en el año 2021 tras abonar cerca de 125 millones de dólares a su anterior propietario, un magnate saudí. El derroche económico del navío quedaba claro a simple vista: tanto el escudo como el nombre rotulado en su inmenso casco estaban forjados íntegramente con oro puro de 24 quilates.
Discoteca en alta mar y una atención insólita
En el momento de su construcción, allá por 1990, logró situarse rápidamente entre los diez barcos más grandes del planeta. Sus características técnicas quitaban el hipo a los aficionados a la náutica: 105 metros de eslora y capacidad para surcar 8.000 millas a una nada desdeñable velocidad de 17 nudos. Pero la verdadera magia se escondía en los detalles diseñados para el entretenimiento extremo.
A bordo, los ocupantes disfrutaron de caprichos como un helipuerto, un ascensor para moverse sin esfuerzo entre las distintas cubiertas, un spa equipado con sauna y hasta una sala de cine privada con la capacidad de transformarse en discoteca. Según los datos que aportó en su día la revista Nautik Magazine, la embarcación dispuso de 2.600 metros cuadrados de estancias exclusivas pensadas para alojar únicamente a 26 afortunados huéspedes. Para garantizar que no les faltara absolutamente de nada, el grupo viajaba acompañado por 72 tripulantes, lo que arrojaba una insólita media de más de dos profesionales dedicados al servicio de cada invitado.





