Doce años más tarde, la Copa Mundial de fútbol vuelve al continente americano. Brasil acogió en 2014 un torneo que quedará para siempre en el recuerdo del fútbol ya que, por primera vez en la historia, una selección europea consiguió ganar un Mundial en América. Lo logró Alemania, que fue capaz de superar a Argentina por 1-0 en la final.
Rota esa maldición, las apuestas deportivas pronostican ahora más que nunca que el trofeo mundialista será conquistado por una selección del viejo continente. Sin embargo, no todo está tan claro. Y es que, pese a lo logrado por Alemania, en las siete ediciones anteriores que el torneo se trasladó a América, los resultados para los combinados europeos fueron catastróficas.
Dos ediciones sin finalistas
El primer Mundial (Uruguay 1930) y el cuarto (Brasil 1950) tuvieron representación europea. En el caso uruguayo, participaron Rumanía, Bélgica, Francia y Yugoslavia, con el combinado del este accediendo a semifinales. Allí, tras adelantarse en el marcador, fue arrasado por el anfitrión, que le endosó un 6-1 y lo dejó fuera del torneo.
En 1950 se sumaron más selecciones europeas, entre las que estaban la propia Yugoslavia, Suiza, España, Suecia e Italia. Suecos y españoles se clasificaron para la fase de grupos que dirimió el campeón, quedando terceros y cuartos respectivamente, siendo superados por Brasil e Uruguay.
Una inferioridad manifiesta ante Brasil
En las ediciones de 1962 y 1970 el Mundial se trasladó a Chile y México. En esas dos ocasiones, sí que hubo combinados europeos que consiguieron llegar a las finales, pero en ambas ocasiones toparon con una Brasil muy superior.
En el 62, Checoslovaquia alcanzó la final tras vencer a Yugoslavia en semis. En el partido por el título fue claramente superada por Brasil, que se presentó sin Pelé por lesión. Pese a adelantarse en el marcador, la “canarinha” le dio la vuelta y acabó venciendo por 3-1.
Ya en el 70, Italia tuvo que sudar sangre para eliminar a Alemania Federal en semifinales. Cuando llegó a la final, todo el esfuerzo hecho quedó en nada. La Brasil de Pelé, Gerson o Carlos Alberto venció por 4-1.
Derrotas muy dolorosas
La maldición de las selecciones europeas en América también se explica desde el punto de vista de la crueldad deportiva. Grandes ejemplos de esto son lo ocurrido en Argentina 1978, México 1986 y Estados Unidos 1994.
En el primer caso, Países Bajos llegó a la final para jugar contra la anfitriona. Tras ir perdiendo todo el encuentro, a falta de nueve minutos consiguió empatar y forzar la prórroga. Sin embargo, no valió de nada, porque en el tiempo extra Mario Kempes acabó anotando el 2-1 que llevaría al 3-1 final.
Ocho años después en México, guion muy similar otra vez con Argentina. En esta ocasión, Alemania Federal logró empatar en los minutos 73 y 80 una final que perdía 2-0. Lamentablemente, en el 83, Burruchaga volvió a poner por delante a la albiceleste, que terminó campeonando.
Por último, en 1994, el fútbol volvió a mostrar su cara más cruel con Europa. En una final que terminó 0-0, Brasil e Italia fueron a la tanda de penaltis. En ella, los fallos de Roberto Baggio y Franco Baresi, dos de los mejores futbolistas italianos del momento, acabaron con el sueño transalpino y dieron el título a Brasil.
