En los últimos días, miembros del Cabildo Colegial que se encontraban en su residencia fueron sorprendidos por fuertes golpes en el edificio. “Pensamos que alguien había intentado entrar a robar o que un coche había chocado contra la escalera”, comentó uno de los sacerdotes. Sin embargo, pronto descubrieron que el ruido provenía de un grupo de niños, casi adolescentes, que jugaban al fútbol en una plaza donde está señalizado que está prohibido jugar con pelotas.
El impacto del balón acabó por romper el cristal de la antigua “Librería La Seu”. Además, la Colegiata ha sufrido otros daños debido a estos juegos en zonas restringidas. En diversas ocasiones, los ornamentos y figuras de la Puerta de los Apóstoles han resultado dañados por los balonazos y por niños que trepan sobre ellos, mientras sus padres observan con indiferencia.
Ante esta situación, la Colegiata solicita a las autoridades un mayor control y concienciación ciudadana, especialmente los fines de semana, cuando la falta de vigilancia es más evidente.
Aumento de palomas y sus consecuencias
Otro problema que afecta a la Colegiata es la creciente presencia de palomas en sus alrededores. La restauración de la Capilla de la Asunción obligó a muchas de estas aves a abandonar el edificio en ruinas donde anidaban, trasladándose al Campanario durante la pausa en las obras de restauración. Esto ha provocado la proliferación de nuevos nidos y la acumulación de excrementos, dañando incluso partes ya restauradas.
Desde la Seo gandiense confían en que la restauración del campanario traiga consigo una solución efectiva, similar a la aplicada en el Centro Histórico de Valencia, especialmente en la Plaza de la Virgen. “Las palomas han causado un gran deterioro en el edificio, bloqueando desagües con sus nidos y excrementos, lo que ha generado nuevos daños estructurales”, han advertido.
La comunidad espera una solución definitiva a este problema, considerado uno de los más graves para la conservación del Campanario y del conjunto arquitectónico de la Colegiata.