Poco a poco, y como respuesta a una demanda desmedida por parte de los usuarios, la factoría del entretenimiento y la cultura digital ha crecido, brindándonos no sólo cantidad sino diversidad en cuanto a contenidos audiovisuales, juegos, material de lectura, de formación y de estudio, entre otros. En gran parte, este crecimiento gradual pero exponencial ha sido la evolución lógica de elementos existentes en soporte físico. Hace algunos años, el índice de descargas ilegales aumentó significativamente. Los usuarios argumentaban que el precio de libros, discos de música, dvd de películas o la suscripción a canales de televisión por antena o cable era verdaderamente elevado, y que la oferta en la televisión gratuita no era suficiente. El debate ha sido muy largo, pero desde hace unos pocos años, las descargas descendieron con propuestas como Spotify en términos musicales, Kindle Unlimited si hablamos de literatura o Netflix para contenidos audiovisuales.

Los juegos desde aplicaciones para smartphone o integrados en las redes sociales también abarataron e incluso dotaron de gratuidad numerosos títulos, haciendo que olvidásemos las videoconsolas de bolsillo. La experiencia online y multijugador ha cuajado hasta el punto de que, si bien siguen existiendo juegos de pago con precios superiores a los 50€, se ofrece tarifa plana con acceso a numerosos juegos a través de plataformas como Google Stadia o Apple Arcade. Incluso los amantes del tablero, el dado o las cartas, que preferían un juego presencial en salas de juego o casino, han visto su alternativa gratuita online sin necesidad de apostar dinero real. Al final, entre servicios gratuitos y suscripciones a plataformas de contenidos culturales y de entretenimiento, es posible que anualmente nos gastemos más que antes de la piratería, pero podemos decir que tenemos acceso casi absoluto a todo lo que se publica, sin miedo al deterioro o a que ocupe espacio en nuestros estantes.

En otras ocasiones, ni siquiera lo pagamos, sino que viene incluido en algún paquete de nuestra operadora de telecomunicaciones o nos lo regalan al adquirir otro producto o servicio. Ciertamente, y aunque la tendencia general es de desear tener cuanto más mejor, se está empezando a llegar casi a un empacho de ocio, cultura y entretenimiento en este formato. Cuando tenemos mucho tiempo libre (vacaciones, bajas médicas, periodos en los que por causa de fuerza mayor debemos permanecer en casa) es cierto que suele ser nuestro primer recurso para ocupar las horas, pero pasada la euforia inicial, parece instaurarse una nueva tendencia: la de volver a lo tradicional, a aquello que no es tan sencillo o automatizado. La cocina, la repostería, la costura o la marquetería se presentan no como labores o trabajos que hemos dejado atrás, sino como una opción de entretenimiento que además nos reconforta porque nos hace sentir válidos o útiles en muchos casos.

Nuevamente extrapolándolo al terreno de los juegos, y sobre todo si tenemos compañía, también solemos elegir juegos en los que interactuemos directamente con objetos y con otras personas. No sólo hablamos de juegos con juguetes, sino a desempolvar los juegos de mesa que antes salían a la luz en las fiestas de cumpleaños o en las cenas y comidas navideñas pero que hemos ido dejando atrás para compartir memes o hacernos selfies. De hecho, en momentos en los que no podemos ir cargados con estos, solemos improvisar para matar al aburrimiento con juegos que sólo requerirán un lápiz, un dado o una baraja de cartas: el famoso tres en raya o el ahorcado son de ayuda en viajes o en salas de espera de hospitales, incluso en apartamentos vacacionales.

En cuanto a los dados, es sorprendente todo lo que pueden llegar a ofrecer. Los juegos de dados tradicionales o emplearlo para avanzar en la Oca, el Parchís o un tablero improvisado en un folio para un juego inventado, sólo son algunas de las opciones. Hay quienes juegan a una modalidad de poker en que las cartas del As al 9 se sustituyen por los seis lados del dado tradicional (este en concreto es el juego el mentiroso). Otros le otorgan otro código a las seis caras para improvisara un Twister y hacer algo de ejercicio. Precisamente, elementos como un dado o una baraja ponen el límite en la imaginación de cada uno y le permiten inventar numerosos juegos.

Las artes, sean de un tipo o de otro, acaban también ganando mucho protagonismo cuando nos empachamos de las pantallas. Si bien la cocina y la costura o los trabajos manuales son de las actividades más extendidas y compartidas en las redes (que seguimos usando para presumir de lo que hacemos cuando no las usamos), hay quien aprovecha para tratar de aprender a tocar un instrumento, componer una canción, pintar un cuadro o tallar una escultura. La fotografía en estado puro (no el retoque posterior, sino iluminar una escena o encuadrarla para crear una imagen artística también suele ser muy relajante para personas que se aburren de mirarlo de un lado de las cámaras y prefieren darles la vuelta. Los más ávidos incluso rescatan el arte del revelado tradicional.

No podemos olvidarnos de una de las actividades que más se ponen en prácticas en los tiempos muertos que nos surgen a lo largo del año: las reformas en casa. No podemos evitar tratar de sentirnos productivos, así que, sin lugar a dudas, realizar pequeñas mejoras en la casa, sean ayudados de profesionales, sean íntegramente realizadas por nosotros mismos, se convierte en un reconfortante entretenimiento con final feliz: un hogar en el que sentirse a gusto cuando debemos o deseamos pasar más tiempo en él.

Deja un comentario