Cualquier día, en cualquier momento, podemos encontrar dando un vistazo rápido por cualquier buscador en Internet centenares de artículos y gurús hablando sobre digitalización. De la importancia de implantar modelos de negocio emergentes, basados en tecnología y de lo imprescindible que es para tu empresa de carpintería metálica, disponer de una app para poder relacionarse con sus clientes en cualquier momento. 

El problema es que esto no es digitalización.

Hoy día no hay empresa que no haya recibido información e incluso formación sobre el último método de gestión ágil, sea del sector que sea. Seguro que todas ellas tienen una pizarra blanca llena de post-it con ideas interesantes para poder renovar cierto proceso o cómo afrontar el lanzamiento de un nuevo producto. 

El problema es que esto no es digitalización.

Son legión las empresas que han iniciado la renovación de sus webs, permitiendo una navegación más fluida, una mejor interacción con los usuarios. Las redes sociales se han convertido en la cornucopia que nos permite recibir más y más pedidos casi sin límite y además conversar con sus clientes de forma directa. 

El problema es que esto no es digitalización.

Empresas de todo pelaje, disfrutan ahora de avanzados sistemas de gestión económica, que serían la envidia de cualquier gran empresa de hace 10 años solamente. Aunque eso sí, de los doscientos módulos que la aplicación gestiona solamente se usan un par, la gestión de tesorería y contabilidad, y en el mejor de los casos, algún sistema de gestión de correos masivos. 

El problema es que esto no es digitalización.

No hay centro escolar que no quiera ser realmente moderno, que no ponga al acceso de sus alumnos, nativos digitales ellos, tabletas, ordenadores y todo tipo de dispositivos móviles para hacer el aprendizaje más interactivo. Los alumnos aprenden técnicas novedosas de edición de video para presentar sus trabajos, se interrelacionan a través de medios digitales, etc.

El problema es que esto no es digitalización.

No creo que se me pueda tachar de ludita, ni mucho menos. Por formación y por convicción soy un firme defensor de la tecnología y su aplicación en el mundo real. Pero creo que ha llegado el momento en que se debe parar el coche de la digitalización en el arcén, descansar y dar un vistazo al paisaje antes de proseguir la marcha.

Ni todas las empresas son Apple, ni sus gerentes son Steve Jobs. El discurso de este último en la universidad de Stanford, si bien es un referente para muchos, no es aplicable  a la carpintería que sobrevive en nuestro barrio. Posiblemente no necesite modificar su modelo de consecución de leads, sino tener acceso a mejores vías de financiación para poder renovar la maquinaria y ser algo más competitivo.

Ni todas las empresas son Apple, ni sus gerentes son Steve Jobs

La pequeña oficina del corredor de seguros del barrio, que todavía saluda a los clientes por la calle por su nombre, seguramente no necesitará 40 horas de formación en los diversos sistemas de gestión que existen y se desarrollan cada día. Pero seguro que si sería útil para ellos una aplicación que les ayude a gestionar los siniestros a los que atienden y eviten que se les retrasen tareas, para dar un mejor servicio a sus vecinos, al fin y al cabo.

La frutería que tenemos cerca de casa habrá contratado un proyecto de desarrollo web y gestión de redes sociales para poder ofrecer en breve servicio a domicilio. Los dueños no estaban muy convencidos, pero al final sus hijos les han explicados las bondades de esta oportunidad de tener más ventas. Podrán recibir los pedidos en su móvil y clientes de todas partes podrán conocer la fruta y verdura de temporada, tan fresca, que tienen a su disposición. El problema aparece cuando resulta que no tienen infraestructura humana ni material para hacerse cargo de un pedido que viene de una población a 40Kms de distancia y mucho menos si un cliente de Lugo se encapricha de unas lechugas frequísimas, que nunca le llegarán.

La etiqueta de nativo digital es una de las más peligrosas que podemos aplicar en el mundo de la tecnología. Realmente cuando se habla de nativos digitales se habla de niños y adolescentes que pasan más tiempo del que toca frente a una tablet o móvil, muchas veces haciendo el papel de canguro. Cuántas veces no hemos visto en algún restaurante o bar la escena de una o varias familias con niños pequeños, entretenidos con el móvil del padre o la madre para que no molesten, mientras los adultos conversan de sus asuntos. “Es que si no se aburre”, aducen los padres. Pues que se aburran, digo yo, no les va a pasar nada. Esta etiqueta de nativo digital, se aplica en realidad a usuarios medianamente avanzados, que poco saben del dispositivo que usan y solo son pulsadores de botones.

En definitiva, la digitalización no es hacer entrar la tecnología con calzador y a la fuerza en nuestras vidas, sino hacer que nuestras vidas sean más cómodas y con más tiempo para nuestro crecimiento personal, profesional o intelectual a través de la tecnología.

Bienvenidas sean las empresas en que la revisión de los flujos de trabajo permiten a los trabajadores ser más eficientes, porque así la empresa crecerá y todos se verán beneficiados.

Bienvenidas sean las empresas que tengan acceso a herramientas que les permitan tener más clientes, porque así la empresa crecerá y todos se verán beneficiados.

Bienvenidas sean las empresas que descubren nuevos canales de comunicación e interacción con los usuarios de forma que puedan ofrecerles lo que realmente necesitan, porque así la empresa crecerá y todos se verán beneficiados.

Bienvenidos sean los usuarios que sean auténticos conocedores de la tecnología que les rodea y sepan sacarle el mayor partido, porque así podrán extender su conocimiento.

Bienvenida sea, en definitiva la digitalización, pero aplicándose donde es necesaria y no como parte de una moda que puede ser más o menos pasajera.

Digitalización, sí. Pero “amb coneixement”.

JOSÉ MANUEL SANZ

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